Querida familia:
La lluvia de parientes me tiene sorprendido y algo desorientado; deben comprender que si no soy el decano de los que participan le ando cerca, y las celulas grises se deterioran con los años. Ya no puedo detectar a cuál rama de la familia pertence cada uno y estoy llegando a pensar que hubo otra ola de vascos, de la que no tenemos noticias. Además todos prolíficos, me recuerdan a los conejos en Australia.
¿Porqué no comenzamos a ordenarnos por rama? Si Santiago Olivera nos ofrece su árbol genealógico, podemos ir acomodando la cosa.
Nuestra rama, la de mi abuelo Pedro, que parece ser descendiente de Pierre, estaba en Azul; mi padre: Pedro, nació en 1887 en Azul y vino a Buenos Aires cuando tenía 11 años o algo así, digamos en 1898, y no volvió a ver a su padre porque murió en Azul, dejando a mi abuela, Jean Marie, viuda con 11 hijos, algunos de los cuales murieron muy jóvenes y otros no dejaron descendencia, pero debe haber varios Hardoy de esa rama que no están a mi alcance para contactarlos.
Mi padre muere en 1950 y deja tres hijas y dos hijos, el menor soy yo y todos mis hermanos desgraciadamente murieron, pero dejaron 14 hijos y una cantidad de nietos y bisnietos de los que ya he perdido la cuenta.
De todos los Hardoy que veo ingresar, salvo cuatro sobrinos: Pedro, Luis Pedro, Martín Pedro y Fernando Pedro, ¡ufa con los Pedros!, no puedo detectar ninguno que sea de mi rama, aunque es posible que no me de cuenta; yo me fuí a trabajar al campo muy joven, por lo que me desenganché de la familia.
Entonces si podemos armar un árbol, aunque sea precario, vamos colocando cada pariente en su rama y detectamos los que faltan para tratar de contactarlos.
Con respecto al encuentro, creo que cuanto más multitudinario es menos cercano; si nos juntamos 60 o 70, es posible que podamos saber quién es quién, y llegar a departir con un buen porcentaje de los parientes, pero si nos juntamos 200 o 300, cada uno se refugia con los que conoce y no hay intercambio. Tengo una amigo Lanusse que me contaba eso con respecto al famos encuentro de los 1200, dice que se juntó con los cercanos y el resto le resultó ajeno.
No se como se maneja ese tema, pero me parece que hay que tenerlo en cuenta.
Bien, no los canso más, reciban un abrazo fuerte.
Alberto
albertohardoy@wirelesscorp.com.ar
sábado, 3 de marzo de 2007
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